martes, 23 de febrero de 2016

ÁCIDO

En el curso que estoy tomando sobre cuento corto escocés, salió a tema una minificción de James Kelman, uno de sus más importantes escritores. Busqué el texto y me gustó tanto que lo traduje:


ÁCIDO
James Kelman



El ácido era esencial en esta fábrica al norte de Inglaterra. Lo mantenían en grandes contenedores, con planchas para poder caminar sobre ellos. Antes de que estas planchas fueran totalmente seguras, un joven cayó al contenedor. Sus gritos de agonía se escucharon en toda la fábrica. Los trabajadores se quedaron inmóviles y horrorizados, excepto un viejo, el padre del joven, quien subió hasta la plancha cargando un palo. Perdóname, Hughie, dijo mientras hundía al joven bajo la superficie. Evidentemente, el viejo no tuvo otra opción, porque sólo la cabeza y los hombros, lo único que sobresalía del ácido, era lo que quedaba del joven.

James Kelman

AQUÍ para saber más sobre el autor.

lunes, 4 de enero de 2016

HASTA PRONTO, LEMMY

Hace una semana, el 28 de diciembre, murió uno de mis grandes héroes: Lemmy Kilmister.

Tomaba una siesta cuando un par de amigos, a través de mis redes sociales, me informaron de la terrible noticia.

Al principio creí que se trataba de una broma por el día de los inocentes, de un "hoax"; pero en Estados Unidos eso suele celebrarse en abril. Busqué en el sitio oficial de la banda y sí, desgraciadamente era verdad.

Me encantaría decirte que grité, que golpeé las paredes, que me arrastré, que lloré... Mas me quedé impávido, pensando que se trataba de un mal sueño. Luego tuve que reanimarme un poco, pues tenia una videoconferencia.

Entre las visitas y los días festivos no tuve tiempo de llorar como se debe su partida. Además, seguía sin aceptarlo, como apunté en mis redes sociales:

Sigo sin aceptar lo de Lemmy, pero al menos ya puedo leer sus publicaciones y se siente rebonito que muchos de ustedes también lo idolatraban.

Después de algunos días, pude garabatear mis pensamientos:

Hace 22 años, cuando sólo era un joven preparatoriano, en casa de uno de mis mejores amigos (Emiliano), en uno de esos fines de semana donde, con sus hermanos (Francisco y Benito) y mi otro mejor amigo (Éric), nos la pasábamos toda la noche jugando dominó y Risk con MTV de fondo, conocí a Motörhead con el video de "Iron fist"...



...La música, la voz y ese enorme puño me cautivaron tanto que al día siguiente corrí a buscar sus discos. Me compré el Aces High, que reunía sus grandes éxitos, y desde ese momento se convirtió en mi grupo favorito...




...Ahora con la muerte de Lemmy no sólo recuerdo (con un nudo en la garganta) todos los momentos (buenos y malos) en que su inconfundible voz me acompañó o la emoción de comprar disco tras disco o el par de veces que pude verlo en vivo, sino también aquella época donde Éric seguía vivo y Emiliano seguía siendo mi amigo. Muchas gracias, Lemmy, espero algún día encontrarte en el ozono.




Los días poco a poco retoman su monotonía habitual, y la pérdida se hace más evidente. Por ejemplo, ya me estoy recriminando por no haber traído a este viaje mi playera de Motörhead "de los conciertos" o no haber escrito más sobre la banda, y comprendí que ya no podré reseñar sus siguientes discos o verlos en vivo (en un par de semanas pensaba hacerlo en Glasgow).

Afortunadamente su música nunca me abandonará.


CURIOSIDADES:

*Para el primer concierto que Motörhead ofreció en tierras mexicanas (17 de mayo de 2000, en el Hard Rock Café) compré dos boletos y me gané otros dos en Órbita/Reactor: anunciaron que estarían justo en la esquina de Nuevo León y Baja California, regalando boletos. Éramos alrededor de 10 tipos, y los organizadores nos preguntaron si preferíamos trivia o dinámica. Todos respondieron "dinámica", excepto yo. Con actitud retadora (como cuando algún profesor te pregunta algo sabiendo de antemano que no lo sabrás) dijeron: "A ver, dime el nombre de 10 discos". A lo que respondí con actitud petulante: “¿En orden cronológico o alfabético?" Antes de que pudieran decir algo, recité de memoria toda su discografía.

Al final, sólo pudimos ir  Emiliano y yo. Los otros dos boletos, que eran para Éric y Mario (otro gran amigo al que también le perdí la pista) tuve que venderlos. El día del concierto llegué temprano al Hard Rock Café y, como soy un pésimo revendedor, le pedí a la chica de la taquilla que me permitiera ofrecérselos al próximo comprador, que resultó ser un señor que llegó preguntando quién tocaba esa noche y compró otros seis más. Cuando me retiraba, me topé a Phil Campbell, el guitarrista, quien amablemente me dio su autógrafo, y pude ver a Lemmy a no más de cinco metros.

El concierto, que sólo duró 75 minutos, abrió brutalmente con "Bomber". En los primeros acordes, Emiliano terminó embarrado en una pared. Yo aguanté estoicamente toda la canción, pero al terminar decidí alejarme un pelín de la zona de slam.


*Una foto cuando tenía alrededor de 20 años, con mi playera del Bastards:




*En uno de mis más recientes cuentos, que espera dictamen para formar parte de una antología, Lemmy es uno de los personajes: su inconfundible voz aparece a cada rato aconsejando al protagonista.



lunes, 14 de diciembre de 2015

HISTORIAS DE LA VIEJA HUMEANTE

Muchas cosas han sucedido en estos meses de ausencia.

Si me sigues en redes sociales, sabrás que ahora Ana y yo vivimos temporalmente en Edimburgo.

Hace tres meses que llegamos a estas tierras frías y lluviosas.

Y justo hace tres meses (13 de septiembre) inicié un proyecto llamado Historias de la vieja humeante, donde todos los días por un año (más o menos el tiempo que andaremos por acá) publicaré en Tumblr (enlazada a Facebook y Twitter) una fotografía acompañada de una microficción. Las fotos son tomadas desde mi teléfono (intervenidas con filtros blanco y negro) e intentan capturar detalles que me permitan desarrollar historias relacionadas, sobre todo, con la atmósfera sobrenatural que se respira en la ciudad. No les mentiré, al principio, cuando la verdadera dimensión del proyecto me golpeó, temí que sería una labor imposible, que pronto se me acabarían las ideas. Pero sólo es cuestión de encontrar ese pequeño detalle para que las historias empiecen a fluir. Otra característica del proyecto es que las historias se escriben (previo garabateo de ideas en una libreta) y se publican directamente desde el teléfono, con lo que pretendo, paradójicamente, que el proceso sea más natural, evitando la edición excesiva con la que suelo tratar mis demás textos. Hasta ahora no he fallado un sólo día, aunque algunas se han encimado por la diferencia de horario. Ojalá puedas echarle un tentáculo.






martes, 18 de agosto de 2015

125 AÑOS DE LOVECRAFT

Continúan los festejos por los 125 años de Lovecraft:

Esta miércoles 19, en Palíndromo (Guadalajara), ofrecerá la siguiente ponencia:

La herencia de Cthulhu: lo lovecraftiano en la obra de Emiliano González


"Esta ponencia esclarecerá la estrecha conexión que existe entre la obra de H. P Lovecraft (1890 - 1937) y Emiliano González (1955), escritor mexicano ganador del premio Xavier Villaurrutia en 1978 por su libro Los sueños de la bella durmiente. Mediante el análisis de algunos fragmentos de sus cuentos, poemas, ensayos y biografía, propondrá que González es el escritor mexicano que mejor ha asimilado los conceptos del terror cósmico (tanto los propuestos por Lovecraft como los de los autores que lo influyeron: Machen, Blackwood, Dunsany, Bierce, O´Brien, Chambers, Hodgson, entre otros), llevando lo lovecraftiano a niveles jamás alcanzados en la literatura fantástica mexicana".





Y el sábado 22, en el Centro Cultural Elena Garro, Penumbria organizó un festival lovecraftiano, donde daré algunos datos biográficos del demiurgo de Providence.


AQUÍ más información.


Ojalá me puedas acompañar y me ayudes a difundir estas actividades.

Abrazos cósmicos.

lunes, 27 de julio de 2015

DJ CTHULHU


Para festejar el 4to aniversario de El Scary Witches, mítico lugar que se ha convertido en el refugio de Penumbria, me aventaré (literalmente) un set literario musical lovecraftiano, encarnado como DJ Cthulhu.



La parte musical estará cubierta con una selección minuciosa de la siguiente lista de música lovecraftiana que creé, con el valioso aporte de muchos amigos, para el festejo:




En la parte literaria leeré algunas microficciones de Trilogía Cthulhu:

 


Elegí para este festejo lo lovecraftiano porque, además de ser mi tema favorito, servirá para arrancar un mes de agosto que estará repleto de actividades para celebrar los 125 años de Lovecraft (estén al pendiente).

También para celebrar mi cumpleaños (4 de agosto).

Si tienen Facebook, AQUÍ pueden entrar al evento, para que no se les olvide.

Ojalá se puedan dar una vuelta, el programa está muy interesante:




Muchísimas gracias a Clauzzen y Mike por la invitación.

ÍÄ! ÍÄ! 

lunes, 13 de julio de 2015

LEVITACIÓN



Joseph Payne Brennan (1918-1990) fue un escritor norteamericano (Connecticut) de fantasía y terror, así como bibliógrafo de Lovecraft. Gran parte de su obra se publicó en Weird Tales y Macabre, su propia revista. Su cuento más celebrado fue “Slime”, publicado en Weird Tales (marzo, 1953) y posteriormente en Nine horrors and a dream (Arkham House, 1958). 



A pesar de que ha sido publicado en muchísimas antologías y que Stephen King se refirió a él  como “un maestro desvergonzado del cuento de terror”, es muy difícil conseguir su obra en formato electrónico, no se diga en español. Por lo que decidí, del puñado de cuentos que encontré en la red, traducir “Levitation” (1958), también publicado en Nine horrors and a dream.



Como dato anecdótico, Thomas Ligotti (escritor con el que estoy obsesionado) confesó que en su juventud le escribió cartas a Brennan, quien le contestó alabando su poesía "descaradamente pesimista".


Agradezco a Guillermo Verduzco (@elpaganoescapa) por recordarme a este autor y activar mi superpoder librero.




LEVITACIÓN
Joseph Payne Brennan
trad. Miguel Lupián



El Carnaval Maravilloso de Morgan llegó a Riverville para una función nocturna; armaron sus carpas en el parque de pelota, a las afueras del pueblo. Era una noche cálida a principios de octubre y para las siete una multitud considerable se había dado cita para disfrutar de una velada fantástica.

El espectáculo itinerante no era ni grande ni sorprendente, pero su llegada fue recibida con entusiasmo en Riverville, un pueblo aislado en la montaña, a muchos kilómetros de las salas de cine, teatros de vaudeville y arenas deportivas de las grandes ciudades.

Los lugareños no exigían entretenimiento sofisticado, por lo que que la mujer obesa, el hombre tatuado y el niño simio los mantuvieron animados durante varios minutos. Atiborraron sus bocas con cacahuates y palomitas de maíz, bebieron vaso tras vaso de limonada rosada y sus dedos se quedaron pegajosos al intentar desenvolver las envolturas coloridas de los chiclosos.

Todos aparentaron estar relajados y con la mente abierta cuando el vocero anunció al hipnotista. El vocero, un hombre pequeño y robusto con traje a cuadros, rugió a través de un megáfono improvisado, mientras el hipnotista se mantenía en la parte trasera del escenario. Parecía desinteresado, desdeñoso; apenas se dignó a echarle un vistazo al público.

Sin embargo, cuando los asistentes alcanzaron las cincuentas almas, dio un paso hacia la luz. Un murmullo surgió entre el público.

En el áspero fulgor de la sobrecarga eléctrica, el hipnotista apareció de forma extravagante. Su alta figura, delgada hasta el punto de la demacración, su tez pálida y, sobre todo, sus oscuros, hundidos, enormes y brillantes ojos, robaron la atención del público. Su vestimenta, un severo traje negro y un arcaico corbatín del mismo color, le agregó un toque mefistofélico.

Evaluó al público tranquilamente, con una expresión que dejaba ver su resignación y desprecio.

Su resonante voz alcanzó el borde más alejado de la muchedumbre.

“Requeriré un voluntario”, dijo. “Si alguno pudiera acercarse...”

Todos miraron alrededor, codeando a su vecino, pero ninguno subió al escenario.

El hipnotista se encogió de hombros.

"No puedo hacer ninguna demostración", dijo con voz cansada, "a menos que uno de ustedes sea lo suficientemente amable como para subir. Les aseguro, señoras y señores, que la demostración es inofensiva y absolutamente segura".

Miró a su alrededor con expectación hasta que un joven se abrió paso entre el público.

El hipnotista lo ayudó a subir al escenario y lo sentó en una silla.

“Relájate”, dijo. “En cuanto lo ordene, te dormirás y harás exactamente lo que diga”.

El joven se retorció en la silla, sonriendo cohibido hacia el público. El hipnotista capturó su atención, fijando en él sus enorme ojos. El joven dejó de retorcerse.  

De pronto, alguno de los asistentes lanzó un puñado de palomitas de maíz hacia el escenario. Las palomitas volaron sobre las luces y aterrizaron directamente sobre la cabeza del joven sentado en la silla.

El joven se movió hacia un lado y hacia el otro, casi cayéndose de la silla. El público, que se había mantenido en silencio, estalló en carcajadas.

El hipnotista estaba furioso. Se puso rojo y temblaba del coraje mientras miraba al público.

“¿Quién arrojó eso?”, exigió con voz asfixiada.

El público se quedó en silencio.

El hipnotista continuó mirándolos. Al poco tiempo el color rojo abandonó su rostro y dejó de temblar, pero sus brillantes ojos se mantuvieron torvos.

Finalmente, le hizo una seña al joven sentado, despidiéndolo con un breve agradecimiento, y encaró de nuevo a los asistentes.

“Debido a la interrupción”, anunció en voz baja, “será necesario reanudar la demostración... con un nuevo voluntario. ¿Podría subir al escenario la persona que arrojó las palomitas de maíz?”

Por lo menos una docena de personas miró a alguien que permanecía entre las sombras, en la parte posterior de la concurrencia.

El hipnotista lo detectó; sus negros ojos parecían arder.

“Tal vez”, dijo con voz burlona, “el que interrumpió tiene miedo de subir. ¡Prefiere esconderse entre las sombras y lanzar palomitas de maíz!”

El culpable gritó y se abrió paso beligerantemente hacia el escenario. Su apariencia no era sobresaliente; de hecho, se parecía al primer joven; cualquiera podría ubicarlos como granjeros.

El segundo joven se sentó en la silla con aire desafiante y por varios minutos luchó contra la idea de relajarse. Sin embargo, su agresividad desapareció y obedientemente miró los ojos ardientes del hipnotista.

En algunos minutos cedió a la orden del hipnotista y colocó su espalda sobre las duras tablas del escenario. El público resopló. 

“Dormirás”, dijo el hipnotista. “Dormirás. Te estás durmiendo. Te estás durmiendo. Te estás durmiendo y harás cualquier cosa que te ordene. Cualquier cosa que te ordene. Cualquiera...”, parloteó, repitiendo frases repetitivas.

El público se quedó en absoluto silencio.

De pronto, una nota inédita salió de la voz del hipnotista y el público se puso tenso.

“No te levantes, ¡pero elévate del escenario!”, ordenó. “¡Elévate del escenario!”.

Sus oscuros ojos se tornaron salvajes y luminosos. El público se estremeció.

“¡Elévate!”

Entonces, la respiración colectiva del público indicó el inicio.

El joven, tumbado sobre el escenario, sin mover un solo músculo, comenzó a elevarse horizontalmente. Al principio de forma lenta, casi imperceptible, pero pronto alcanzó una aceleración constante.

“¡Elévate!”, gritó el hipnotista.

El joven continuó ascendiendo, hasta que estuvo varios centímetros por encima del escenario, sin detenerse.

El público estaba seguro que se trataba de un truco, aun así miraba con la boca abierta. El joven parecía estar suspendido y moviéndose en el aire sin algún tipo de soporte físico.

Abruptamente, el foco de atención del público cambió hacia el hipnotista, quien se llevó una mano al pecho, tambaleándose y desplomándose sobre el escenario.

Se pidió el auxilio de algún doctor. El vocero de traje a cuadros apareció, inclinándose sobre el cuerpo exangüe.

Buscó el pulso, sacudió la cabeza y se levantó. Alguien le ofreció una botella de whisky, pero sólo se encogió de hombros.

De pronto, una mujer del público gritó.

Todos voltearon a verla y, segundos más tarde, siguieron la dirección de su mirada.

Hubo más gritos: el joven seguía ascendiendo. Mientras la atención del público se había distraído con el colapso mortal del hipnotista, el joven había continuado elevándose. Ahora se encontraba a más de dos metros sobre el escenario, moviéndose inexorablemente hacia arriba. A pesar de la muerte del hipnotista, seguía obedeciendo la orden final: “¡Elévate!”.

El vocero, con los ojos a punto de abandonar su cabeza, saltó frenéticamente, pero era muy pequeño. Sus dedos apenas rozaron el cuerpo del joven y cayó sobre el escenario.

El cuerpo rígido del joven continuaba ascendiendo, como si fuera izado por algún tipo de polea invisible.

Las mujeres comenzaron a chillar histéricamente; los hombres gritaban. Pero nadie sabía qué hacer. Después de lanzar una mirada salvaje al cuerpo despatarrado del hipnotista, la cara del vocero se llenó de terror al levantar la vista.

“¡Frank, baja! ¡Baja!, el público gritaba. “¡Frank, despierta! ¡Baja! ¡Detente, Frank!”

Pero el cuerpo rígido de Frank se elevó todavía más. Arriba, arriba, hasta alcanzar la parte más alta de la carpa, hasta superar los árboles más altos, hasta incorporarse al cielo iluminado por la luna de principios de octubre.

Muchas personas del público se llevaron las manos al rostro y se voltearon. Quienes continuaron mirando, vieron el cuerpo flotante ascender por el cielo hasta que no fue más que una minúscula mota, un pequeño turrón cerca de la luna.


Luego, desapareció completamente.

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