lunes, 3 de mayo de 2010

EL FIN DE LOS TIEMPOS

"Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar el niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Su mano subía y bajaba al compás de la preciada respiración. Retiró la lona de plástico y se puso de pie envuelto en aquellas prendas y mantas pestilentes y buscó algún atisbo de luz en el Este pero no lo había. En el sueño del que acababa de despertar vagaba por una gruta y el niño lo llevaba de la mano. La luz de los dos bailaba en las húmedas paredes de roca caliza. Como peregrinos de fábula engullidos y extraviados en las entrañas de una bestia granítica. Humeros de piedra donde el agua goteaba y cantaba. Tañendo sin tregua en el silencio de los minutos de la tierra y sus horas y días y años. Hasta que se hallaba en una enorme estancia de piedra donde había un lago antiguo y negro. Y en la orilla opuesta un ser que levantaba su chorreante boca del gour y miraba hacia la luz con unos ojos tan blancos y ciegos como los huevos de araña. Balanceaba su cabeza a ras de agua como para captar el olor de aquello que no podía ver. Agazapado allí, pálido y desnudo y translúcido, sus huesos de alabastro grabados en sombra en las rocas que tenía detrás. Sus intestinos, su palpitante corazón. El cerebro que latía dentro de una empañada campana de cristal. La criatura movía la cabeza de lado a lado y luego soltaba un gemido grave y daba media vuelta y dando tumbos se alejaba silenciosamente hacia la noche.
Se levantó con la primera luz gris y dejó al chico durmiendo y caminó hasta la carretera y en cuclillas estudió la región que se extendía al Sur. Árida, silenciosa, infame. Debía de ser el mes de Octubre pero no estaba seguro. Hacía años que no usaba calendario. Irían al Sur. Aquí era imposible sobrevivir un invierno más."

Así inicia LA CARRETERA de Cormac McCarthy (Mondadori, pp: 9-10)

Después de seis meses y, para no variar, con un título en español ridículo: EL ÚLTIMO CAMINO, se estrenó el pasado fin de semana en las salas de la Ciudad de México.

Con la primera página del libro nos damos cuenta que no será una lectura fácil. Estará densamente cargada, al igual que el ambiente, de soledad, frío y hambre.
John Hillcoat es el encargado de transpolar esos sentimientos a la pantalla grande con la adaptación a cargo de Joe Penhall.

Logran transmitir los sentimientos y las ricas imágenes del libro, aunque con la premura del tiempo no logran en el espectador ese hastío de vivir en un mundo así.
En el libro nos dice que pasó algo, pero no se sabe qué. A la fecha McCarthy no lo sabe y no quiere saberlo. Afortunadamente el libro respeta esa premisa y nos deja preguntando qué pudo haber pasado.

A grandes rasgos y sin estropear la lectura ni la película, se trata de un padre y su hijo que recorren las carreteras de Estados Unidos tratando de sobrevivir después de que el mundo estallara por algo que no sabemos.
El padre es encarnado por Viggo Mortensen y el hijo por Kodi Smit-McPhee. Mortensen, como ya es costumbre, nos brinda una actuación seria, comprometida con el personaje. En sus ojos podemos sentir el miedo y el gran amor por su hijo, la convicción de llegar hasta las últimas consecuencias y un gran valor. Kodi tarda en entrar en calor. A lo mejor porque en el libro me lo imaginaba más dañado, más activo. O simplemente porque tiene la voz muy dulce. Pero después entra con todo.

Increíblemente, Mortensen no logró siquiera una nominación al Oscar. La tenía más que merecida.
Charlize Theron es la madre. Aparece en los recuerdos de Viggo haciéndonos juntar las piezas para por lo menos saber qué pasó con esta familia. Una de las intenciones (supongo) de haber escogido a Kodi para el papel, es su semejanza con Charlize. Realmente podría ser su hijo.

Esta situación apocalíptica es un mero pretexto para desarrollar la historia de un padre y su hijo. Y eso es lo que la vuelve espectacular y real. No pierden tiempo en explicarnos lo que pasó, quién tuvo la culpa o cómo se solucionará. Saben que ahí está y tendrán que adaptarse.

Cada una de las escenas principales del libro están en la película. Salvo una, que por ser tan fuerte, tuvieron que modificarla. Ahora sólo nos hacen la insinuación de lo que ocurrirá. Tampoco estuvo, afortunadamente, representado literalmente el sueño lovecraftniano de la primer hoja. Les hubiera quedado muy mal.

Algunos críticos mencionan que es pesada y sosa. Seguramente no leyeron el libro que, como mencioné, su exquisitez se basa en la densura. A lo mejor esperan acción y respuestas a todo. O simplemente no les gusta usar la imaginación.

Como ya sabemos, los libros no son 100% traducibles al cine, pero en esta ocasión se hizo un gran trabajo respetando la esencia de lo que bellamente escribió McCarthy.

También en la película aparecen (brevemente) un par de grandes actores: Robert Duvall y Guy Pearce.


Por otro lado, otra película que también se estrenó el fin de semana y que comparte (más o menos) la misma temática, es THE CRAZIES, o con su, nuevamente, ridículo título en español: El DÍA DEL APOCALIPSIS.

Aquí sí, los críticos saldrán más contentos porque hay acción trepidante, teorías de la conspiración, respuestas, soluciones y breves dosis de humor.
Sin embargo, está muy bien hecha.

Está basada en la película de 1973, The crazies, de George A. Romero. Acertadamente a él mismo lo invitaron como productor ejecutivo; lo que le daría coherencia a la esencia de su visión original. Scott Kosar es el encargado del guión y Breck Eisner de la dirección.

A pesar de que no me gustan las películas donde hay teorías de la conspiración, donde se exagera el poder del gobierno americano y donde se explica con pelos y señales lo que pasó, te mantiene atento.

La película abre con una escena en un partido rural de baseball. El deporte americano por excelencia que hasta en los pueblos más lejanos y pobres se practica y es señal de identidad y orgullo. En medio del partido, donde casi todo el pueblo se encuentra en las gradas, aparece un "loco" con un rifle.

Y así la gente del pueblo, poco a poco empieza a hacer "locuras". Después sabemos por qué.
Me hubiera gustado que la enfermedad se hubiera quedado en simple locura, eso sería más terrorífico; que no supieras quién está infectado, que sospecharas de tus vecinos. Por que en la siguiente etapa de la enfermedad es muy fácil reconocer a los zombies/infectados.

Está protagonizada por Radha Mitchell y Tim Olyphant. La doctora y el sheriff respectivamente del pueblo. Casi, casi como una pareja presidencial. Sus actuaciones son simples, pues la intención de la película no es hacer un análisis de ellos, sino de mostrar las propias acciones del "apocalipsis". Y eso lo logran muy bien. las explosiones son muy buenas, literalmente sientes la oleada de calor salir de la pantalla. Y la escena final visualmente es excelente.

El problema es que, a pesar de que apenas dura 100 minutos, se vuelve pesada. Muchas persecuciones y mucho despliegue militar (que obviamente no funcionará y se les saldrá de las manos la situación).

Probablemente en 1973 estos temas eran nuevos y lograban sorprender a la audiencia. En estos tiempos ya nos la sabemos de memoria, pues ha sido la premisa en varias películas de ciencia ficción y horror.

El final me hizo recordar a The hills have eyes.

Es una película buena a secas; no exige más.


2 comentarios:

  1. The crazies está palomera. The road, una vez que agarra vuelo lo hace muy bien.
    No mencionaste el rabito de Viggo Mortensen, ja.

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  2. Porque sabía que tú lo mencionarías...

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